Plaza Catalunya

Plaza Catalunya

Plaza de Cataluña: el punto de partida de casi todo

La Plaza de Catalunya, que a finales del siglo XIX no era nada más que una explanada a las afueras de la ciudad, conecta actualmente el núcleo antiguo de Barcelona con el ensanche. Céntrica, grande (más de cinco hectáreas) y muy transitada, es el punto de partida de las Ramblas, el Paseo de Gracia y las rondas de Universidad y de Sant Pere, por citar sólo algunas de las vías que nacen en uno de los espacios de la ciudad condal que ningún visitante debería perderse. Frecuentada a todas horas por centenares de palomas que ya se han convertido en un elemento más de la plaza, actúa como lugar de paso pero también como punto de encuentro, ideal para perder el tiempo o para aprovecharlo al máximo mientras disfrutas de la Barcelona más viva.

Plaza de Catalunya

La antigua puerta de las murallas, el Portal de l'Àngel, que se ha convertido en la gran arteria comercial de la ciudad, parte también de la Plaza de Cataluña, igual que la populosa calle Pelai. Por todo ello, la plaza es muy frecuentada por las personas que deciden ir de compras, que muchas veces quedan enfrente del bar Zurich, siempre repleto de turistas que se sientan en su terraza mientras contemplan el ir y venir de la gente.

Centro comercial

El Zurich, situado justo enfrente de las Ramblas, es quizá el bar más conocido de una plaza llena de restaurantes de renombre en la que también puede encontrarse un Corte Inglés y el centro comercial El Triangle, con tiendas tan reputadas como la FNAC. Hoteles, bancos y cajas completan la nómina de servicios de un centro comercial de primer orden que, además, cuenta con el aliciente extra de estar situado en un espacio donde muy a menudo se celebran eventos de todo tipo: conciertos, exposiciones o ferias del libro.

Bullicio que viene de lejos

No es nada nuevo, porque incluso antes de que existiera la plaza, la antigua explanada a las puertas de la ciudad acogía mercados al aire libre, con un bullicio muy similar al que puede detectarse ahora, aunque, eso sí, con menos coches, autobuses y motocicletas. Barcelona es una ciudad ruidosa, no vamos a negarlo, pero suple este pequeño defecto con una vitalidad desbordante que alcanza su máxima expresión en sitios como la Plaza de Cataluña.

Tertulias y teatro

Antes de la guerra civil, cafés y restaurantes como Maison Dorée, Colón, La Lluna y El Suís albergaron numerosas tertulias literarias y políticas. Casi siempre derivaban en encendidas discusiones que hacían las delicias de los numerosos espectadores que, más que participar, acudían a ellas para divertirse. Y quien prefiriera el teatro disponía de hasta cuatro alternativas distintas sin salir de la plaza: Bon Retir, Circ Eqüestre Alegria, El Dorado Concert y el Teatre Barcelona.

Esculturas

Actualmente, los amantes del arte también tienen una buena excusa para visitar la plaza. A lo largo de su perímetro se exhiben obras de artistas tan destacados como Pablo Gargallo, Josep Clarà, Enrique Casanovas o Josep Llimona. Asimismo, pueden contemplar el monumento dedicado al ex presidente de la Generalitat Francesc Macià, obra de Josep Maria Subirachs.

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